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Mundial 2010

Ganó mi equipo, pero salí derrotado

Juan Carlos Hidalgo para TacodeJara.com

Costa Rica no está en el Mundial, pero eso no quiere decir que las pasiones (alegrías y odios) no lo dominen por completo a la hora de ver un partido mundialista.

Hasta el momento he evitado ver partidos de esta copa en un bar, especialmente dado que el equipo de mis amores (Inglaterra) se encuentra en el mismo grupo que el equipo de mis odios (Estados Unidos). ¿Necesito explicar por qué odio a Estados Unidos en fútbol? Para aquellos ticos que—para mi sorpresa—han celebrado el triunfo gringo como propio, aquí va: Estados Unidos es un rival regional de Costa Rica. El manual del fútbol dice que uno no alienta rivales, incluso ni siquiera cuando a uno le conviene. No alentamos a México, tampoco podemos alentar a Estados Unidos. De ahí que mi animadversión hacia los güeros es de larga data. Celebré el gane de Irán sobre ellos en el 98, algo que resulta incomprensible para mis ingenuos colegas del trabajo.

Pero como si no fuera suficiente, ¿qué hay de aquella fatídica noche del 16 de octubre del 2009? Recordemos que, por puro gusto—porque ya estaban clasificados—Estados Unidos elimina en el último minuto a Costa Rica de Sudáfrica 2010. Yo estuve ahí. Yo salí llorando del estadio mientras los gringos celebraban como si hubieran ganado una final. Yo les armé bronca cuando insultaron a los ticos. Es fútbol. Es pasión. Es odio a Estados Unidos en fútbol (ojo que mi esposa es gringa, así que hago esa salvedad de que la vara es solo en fútbol).

En fin, como pueden ver, no me es fácil ir a un bar donde habrá decenas de gringos apoyando a su equipo. Se me riega la bilis. Aún así, Inglaterra jugaba un partido crítico, y no podía dejar de verlo en un ambiente social, así que me puse la chema blanca de los tres leones y me fui a un bar irlandés en Chinatown en Washington. Como era de esperarse, el lugar estaba a reventar, en un 90% por estadounidenses.

Estaba con mi amiga Hazel Feigenblatt, quien para mi disgusto empezó a apoyar a Estados Unidos y a Eslovenia. Ella tiene una buena excusa. Su esposo es irlandés, y le pediría el divorcio in situ si la ve medio apoyando a Inglaterra. Así que era yo y un puñado de aficionados ingleses. Los dos marcadores jugaban. Un 0-0 en los dos partidos clasificaba a USA y Eslovenia. Afortunadamente Inglaterra anotó, y cada vez era más evidente que USA no iba a ganar su partido caminando.

La tensión fue aumentando. Le anulan un gol a Estados Unidos por posición prohibida. Ya empiezan los gringos a llorar otra vez por el árbitro. La echadita de rey contra Eslovenia les valió para que mariquearan por 5 días. ¿Qué pasa si quedan fuera? ¿Quién se los aguanta? Sin embargo algo me decía que los güeros iban a terminar ganando el partido, aún con un gol en el último minuto…

Mientras tanto, Inglaterra se daba lujo desperdiciando goles. Rooney, Lampard, Gerrard, Lafoe… Aún con el gane 1-0, un gol de los gringos significaba que quedábamos de segundos en el grupo, con un eventual encuentro con Alemania en la segunda ronda. ¡Mejor ganar esto de una vez con otro gol! Pero no cayó. A partir del minuto 30 Inglaterra se empieza a echar atrás y Eslovenia empieza a hacerse sentir. ¡Manda huevo! Un gol esloveno era la eliminación inglesa.

A la par, los gringos estaban exasperados por su incapacidad para anotar. Minuto 90, el partido de Inglaterra está por expirar mientras que a Estados Unidos—para  variar—les dan 4 minutos de reposición (déja vù). Inmediatamente pienso: apenas pite el árbitro en el partido de Inglaterra, me voy. No quiero estar aquí en caso de que los gringos anoten…

¡Dicho y hecho! Justo en el momento en que pita el árbitro y se concreta la clasificación de Inglaterra, Landon Donovan anota y el bar explota. Y por dentro me lleva…

Salí  del bar como si Inglaterra hubiera perdido. Ganamos y clasificamos (de segundos), aunque con un fútbol muy mezquino. Pero aprendí la lección: cuando el odio hacia un equipo es tan visceral, no vayás a un bar lleno de aficionados del mismo. O hazlo a expensas de tu hígado.

+ la foto de portada es de doug88888 y está en Flickr bajo la licencia Creative Commons